Pasta Gansa
Tirando Millas
Pasta Gansa.
Los bikers ricos también lloran.
Escribo estas líneas desde un casino de Las Vegas, donde acudo cada otoño para cubrir Interbike. Hoy ha sido un largo día de trabajo, pero una sauna y una duchita me han dejado como nuevo. Me he puesto mi mejor camisa de seda y una chaqueta de sport para salir de juerga con los amigos. Para calentar motores estoy degustando un cosmopolitan de Grey Goose, agitado, no batido. En el bolsillo de la pechera llevo un cohiba cubano auténtico (que aquí en EEUU es considerado contrabando ilegal) que pienso fumarme mientras juego a la ruleta en el Bellagio.

Hojeo un número de la revista Forbes y leo con consternación que, en el último año, el precio de los artículos de superlujo se ha incrementado en un 7%. Forbes elabora una especie de IPC del lujo denominado IVEB (Índice de Vivir Extremadamente Bien). Veamos algunos de los productos que se incluyen en esta peculiar cesta de la compra. Comencemos por ropa y calzado: camisas de vestir de Turnbull y Asser : 2.875 € la docena; y zapatos a medida de John Lobb, 3.256 € el par. No está mal. Los pantalones dejémoslos, creo que con los vaqueros que tengo me apaño. Ahora pasemos a la comida: caviar Beluga Zar Imperial: 6.000 € el kilo; champán Dom Perignon: 1.237 € la caja. Un menú al que resulta fácil acostumbrarse. Claro que si no nos apetece ensuciar cacharros podemos salir a cenar a la Tour d’Argent: 320 euros por persona, propina incluida. Pero dejemos las minucias del día a día y pasemos a otros gastos necesarios pero no tan frecuentes. Imaginemos que, por ejemplo, tenemos que ir a Nueva York. El Hotel Four Seasons ofrece una cómoda suite por apenas 2.738 euros la noche. Supongo que por este precio podré robar los jaboncillos y el gorro de ducha, como acostumbro a hacer. Para darnos una vuelta por Manhattan, qué mejor que estrenar un Bugatti Veyron: 950.000 €. Aprovechando que pasamos por la 5ª Avenida, podemos hacer una paradita en Tiffany & Co. para comprar un Patek Phillipe Classic, un reloj con correa de cuero, clásico y sencillo, una ganga por 14,000 euros. Claro que para acudir a nuestra reunión de trabajo por la mañana lo suyo es un helicóptero Sirkosy S-76C con opciones VIP, el cual nos permitirá evitar los atascos: 8.700.000 euros (piloto, helipuerto y combustible aparte.)

Si tuviéramos que elaborar un índice de precios similar para un biker, ¿qué incluiría? Se me ocurre que una buena máquina de XC sería una IF Tungsten Electrode: 4.000 euros (sólo el cuadro) el cual, con la opción de insignia en oro y un pintado especial, aumentaría su precio hasta los 6,300 euros. Otros componentes que le podrían ir al pelo son una llantas Reynolds de carbono (¿?? €) con bujes Phil Wood (600 €) y radios Marwi Ti-dye de titanio en colores (250 €), sillín Brooks Classic de cuero y titanio (300 €), dirección Chris King Ti (315 €) con engarce de rubí IF de 18 kilates (1.000 euros), horquilla monobrazo USE SUB (1.200 €), potencia Moots I-Beam (255 €), pedales Eggbeater 4Ti (470 €) y, por si se nos hace de noche, unas buenas luces Lupine Edison 5 (850 €). Todavía le faltan muchos componentes, te sugiero que dejes un comentario y completes tú la lista, a mi ya me da vueltas la cabeza.

Arrojo la revista sobre una mesita de mármol y le pego un buen sorbo al delicioso cosmopolitan. Esta maldita ciudad le hace a uno perder la noción de lo que vale el dinero. La publicidad y las revistas de mountain bike tienen un efecto similar. Apoltronado en este casino, cuesta creer que el que el salario medio en muchos países no supere los 200 euros al año.
En el fondo, la fascinación ejerce sobre mi la ciudad de Las Vegas es parecida a la de la matanza del cerdo o a la de las películas de terror. El ruido constante de las tragaperras se me atoja parecido al de miles de gorrinos siendo degollados en el día de San Martín. Y chorro de monedas que estos artefactos diabólicos vomitan de vez en cuando en su bacinilla metálica me resulta curiosamente parecido al espectáculo macabro de la sangre caliente saliendo a borbotones del cuello del animal. La gran diferencia es que, en Las Vegas, el cerdo es quien termina devorando al supuesto matarife.
No dejes de pedalear. Os dejo con un vídeo de Outkast. Nos vemos el próximo mes.
Labels: chris king, ciclismo, dinero, forbes, independent fabrication, las-vegas, lujo, moots, mountain-bike, opinión, phil wood, tirando millas



0 Comments:
Post a Comment
<< Home