En la Vena
Texto y Fotos: Manuel Maqueda
Tirando Millas
En la vena.
Algunos viajes sólo conducen al abismo.
Desde los orígenes de la raza humana, el hombre ha buscado ir más allá de sus limitaciones físicas, ya sea para disminuir la fatiga, mitigar el dolor, acercarse a la Divinidad o evadirse de una realidad a menudo muy dura de pelar.
Vista así, la humanidad se me antoja un conjunto de yonquis enganchados al café, al té, al tabaco, habituados a mascar hoja de coca o nuez de betel, incapaces de parar de sorber mate, de tomar Prozac, de engullir somníferos o de trasegar vino y cerveza.
A muchos les sorprenderá saber que el café es el bien que más se comercializa en el mundo, sólo superado por el petróleo. Por otra parte, millones de personas se sienten desamparadas sin un cigarrillo en la boca o un termo de mate bajo el brazo. El alcohol, probablemente la más dura de las drogas legales, causa innumerables muertos, adicciones, delitos y problemas sociales de todo tipo, pero está tan arraigada en nuestra forma de vida occidental que nadie se atreve a cuestionar su existencia.

La Operación Puerto y la sorpresa del positivo de Floyd Landis en el Tour de Francia han puesto sobre la mesa, por enésima vez, el papel que juegan las sustancias estimulantes y las técnicas de enriquecimiento sanguíneo en el ciclismo. No creamos que estos problemas afectan sólo a las disciplinas de carretera. El mountain bike, aunque mueva menos dinero y tenga menos glamour, tampoco está libre de pecado. Casos como el de Filip Meirhaeghe nos recuerdan que determinadas sustancias también pueden echar una manita a la hora de mover ruedas de 26 pulgadas.
Algunos argumentan que el doping, en realidad, no está prohibido, del mismo modo que podría decirse que beber alcohol y conducir no está prohibido. En cierta medida tienen razón. Lo que en realidad existen son unos límites máximos para el uso de estas substancias, lo cual lleva a que el coqueteo con dichos límites sea una constante tentación, incluso una aparente necesidad, para muchos deportistas profesionales.
Para obtener drogas se necesita un camello y, en el deporte de élite, existe una caterva de matasanos, químicos de pacotilla y seudo-expertos que revolotean por los circuitos profesionales ocupando este papel de camellos ilustrados. Estos personajes se lucran enormemente con sus servicios, pero si las cosas salen mal, normalmente son los deportistas quienes pagan el precio más alto.
Resulta muy fácil lapidar a los deportistas cuando son sorprendidos en falta. A menudo, se les fustiga y zahiere incluso antes de que existan pruebas concluyentes en su contra. No niego que merezcan el oprobio y el alejamiento del deporte una vez que su culpabilidad haya quedado demostrada sin lugar a dudas; pero si queremos atajar este problema y recuperar el buen nombre del ciclismo, tendremos que mirar al bosque en su conjunto, no al árbol. Quizás haya que redefinir las expectativas de los patrocinadores, de las marcas, de los equipos, de las federaciones e incluso las del propio público. Y expulsar de una vez de este mundillo a todos aquellos que intentan medrar y lucrarse, no gracias a sus conocimientos deportivos, sino a sus habilidades con el congelador, la centrifugadora o el matraz. De lo contrario, la próxima vez que alguien diga que lo importante es participar no sabré si echarme a reír o a llorar.
No dejes de pedalear, nos vemos el próximo mes.
Labels: ciclismo, doping, mountain-bike, opinión, tirando millas



1 Comments:
Recuerdo una vez, hace ya siete u ocho años, cuando en mi retiro voluntario del ciclomontañismo competitivo asistí a una carrera local. Conversaba animadamente con un señor hasta que me ofreció con total desparpajo todo un vademecum de sustancias que "me ayudarían a andar mejor" sobre la bici; curiosamente se refería a estas drogas como "andarina". Llegó al extremo de decirme orgullosamente que x sustancia se la suministraba a su hijo, a quien conocí terminada la prueba. Era un niño de 15 años, con una masa muscular casi intimidante. Lastimosamente, aquel prospecto de campeón se retiró de las competencias 3 o 4 años después. Ahora cuando me lo encuentro en la calle lo veo bastante pasado de peso, pero felizmente acompañado por un pequeño que de seguro es su hijo. Del c*br*n de su padre no supe mas.
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