La Bici Bomba.
Tirando millas
La Bici Bomba.
A veces la muerte viaja en bicicleta.
Las bicicletas, especialmente las de montaña, se convierten en valiosos medios de transporte en tiempos de guerra: son baratas, fiables, no consumen combustible y se abren paso con facilidad entre los escombros, los cráteres y las barricadas. En Irak, desgraciadamente, las bicis no sólo se utilizan para circular por un país hecho jirones: también se utilizan para matar. Ante el aumento de la vigilancia en las plazas y los mercados, los coches bomba han dado paso al macabro fenómeno de las bicis bomba, menos conspicuas y de más fácil colocación. La bici bomba más letal hasta la fecha explotó en junio del 2006 en Bacuba, a 60 km al noreste de Bagdad, causando 18 muertos y decenas de heridos.
Al leer estas noticias, salta a mi memoria la noche del 12 de mayo de 2001. Era una noche primaveral, tranquila y templada. Paseaba por Madrid con mi novia americana de entonces. De pronto, el suelo se levantó bajo nuestros pies y el cielo cayó sobre nuestras cabezas. La onda expansiva, cuajada de metralla, pasó por delante de nuestros ojos como un velo turbio. Los árboles se tumbaron y sus hojas jóvenes fueron arrancadas de cuajo. Un diluvio de cristales se derramaba sobre nosotros mientras sirenas, gritos y sollozos rasgaban la paz de la noche. A escaso metros de nosotros ardía un amasijo de hierros. En seguida comprendimos lo sucedido: la esquina del edificio que estábamos a punto de rebasar nos había salvado de ser hechos trizas por un coche bomba. Al poco tiempo, los cobardes asesinos de ETA reivindicaron este atentado.

En efecto, los que hemos vivido de cerca hechos como éste reaccionamos antes las noticias violentas de un modo especial. Lo mismo les sucede a quienes han vivido o viven una guerra en su país. Las frías estadísticas, las palabras huecas de los comentaristas, los titulares asépticos de los periódicos; todos ellos cobran vida para nosotros y se meten bajo nuestra piel. Aunque no queramos, sentimos como la explosión nos sacude, las sangre nos salpica y, por mucho que nos tapemos los oídos, no podemos evitar oír los llantos de las víctimas y de sus familiares. Incluso ciertos videojuegos y películas violentas nos causan, a menudo, repugnancia y consternación.

Subo a mi bicicleta y me interno en el bosque. Pedaleo deprisa, en absoluta concentración. Por unos instantes, la confusión del mundo cesa y todo queda reducido a un estrecho sendero que desaparece velozmente bajo el manillar. En vano, mi mente intenta encontrar una explicación para la inutilidad de la violencia, la vileza del terrorismo y el horror de la guerra.
En Iraq, en España y en el resto del mundo, la muerte viaja y viajará, a pie, en tren de cercanías, en coche, en avión, en bicicleta y en cualquier otro medio que tenga a su alcance. Si esperamos que los Gobiernos de uno u otro color arreglen las cosas, estamos listos. El fin de la violencia no llegará hasta que todos y cada uno dejemos de ser meros espectadores y nos involucremos activamente en la lucha por la paz. Para empezar, desterrando de nuestra propia vida toda forma de violencia, física o verbal. En segundo lugar, denunciando y rechazando con valentía a quienes, en nuestro entorno, practican, promueven o justifican la violencia, ya sea doméstica, callejera, racial, nacionalista, terrorista, militar o de cualquier otra clase. Y en tercer lugar -de orden, pero no de importancia- educando en la paz y en la convivencia a las generaciones venideras. No dejes de pedalear, nos vemos el próximo mes.
Centro Reina Sofía para el Estudio de la Violencia
Centro Martin Luther King para la No-Violencia
Centro Mahatma Gandhi para la No-Violencia
Coordinadora Gesto por la Paz
Coche bomba de ETA en Madrid, 12 de mayo de 2001: Terra, YA.com, MIR
Labels: ciclismo, eta, guerra, iraq, mountain-bike, opinión, terrorismo, tirando millas



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